EN LA CAVERNA

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EN LA CAVERNA. Julián Madero Islas

Concibo la práctica pictórica como el desarrollo de una idea a lo largo de la vida.

Cada pintura es una reanudación, un ordenamiento del caos, o bien, una fuga. La

pintura se comporta como imagen, entra en su campo, pero es un acto de

libertad, su dominio es el Color y el Tiempo. Es pensamiento, imagen introspectiva

e intuitiva, necesidad primigenia.

Mi obra se mueve indistintamente entre la abstracción y la figuración. En esta

serie que presento, hay un constante interés por los grupos de personas,

particularmente reuniones que parecen encontrarse en un tiempo dislocado,

antiguo o futurista… También trances, “mapas de reencarnación” como un

fantasma arrastrándose por un pedazo de carne. Encarnaciones luz, o plantas o

animales. En el reino del color, las formas oscilan en la ambigüedad, el hombre de

barro de deshace en el fango.

¿Cuándo el primer humano? ¿Cuándo el primer concilio? ¿Qué verá el primer

hombre al reencarnar, varios siglos después? ¿Dónde jugarán los niños en Marte,

frente a un cráter, en el puerto Ray Bradbury? ¿Qué verán los ciegos cuando

recobren la vista, o nuestros pobres ojos frente al vaho sulfuroso de la dimensión

marciana? Nada, espejos negros, opacos o reflejos, otra vez, la caverna.

COLOR «SUCIO»

“¿Qué haces?”, le preguntaron los demás dioses.
“Busco el corazón de la tierra”,  respondió mientras aventaba tierra
para todos lados. Al rato lo encontró el corazón de la tierra y lo mostró
a los demás dioses y “café” le pusieron a ese quinto color.
Otro dios se fue mero pa’rriba, “voy a mirar de qué color es el mundo”,
dijo y se dio en trepar y trepar hasta allá arriba.
Cuando llegó bien alto, miró para abajo y vio el color del mundo,
pero no sabía cómo llevarlo hasta donde estaban los demás dioses,
entonces quedó mirando un buen tanto, hasta que se quedó ciego,
porque ya tenía pegado en los ojos el color del mundo.
Subcomandante Insurgente Marcos. 1994.
La historia de los colores

Es obvio, hay muchas tierras y muchos colores de la tierra. Pero hay uno que es una mezcla de niebla y lodo, un lodo oscuro y denso que se parece al negro de los alquimistas donde ocurre la putrefacción y salen las cosas nuevas, Khali es en negro, se parecen. Pero el negro de los altos de Chiapas es otro, más denso, denso, denso.

Una teoría del color, colores de época, el azul de Tiziano, color patentado, un color muy específico o un color ambiguo, indiferente. La historia de la pintura. Colores desplazados fuera de la historia de la pintura, fuera de la historia porque no tienen nombre o estatuto. Un ojo negro es un ojo ciego, imposible, o es en realidad café, otra cosa. Ver un nuevo color, situarlo, es inventarlo, aunque no se le nombre todavía, o no en la historia de las cosas, de los colores y de la luz.

Si es que se puede llamar color a la materia. No sé decir si es café o es negro, o si más bien se trata de un blanco que se disfraza, que se esconde. Porque es un café tan denso que no pertenece al orden de los pardos, es como un petróleo benévolo y frío que habita en la superficie de la tierra y le da vida. Pero negro como el carbón o como las faldas de lana negras de los tzotziles tampoco es. No, no contrasta con el rojo, sino que se matiza. Además es un negro que deslumbra, no oscurece simplemente sino que… como que ensucia… Al contrario del negro negro, no se traga la luz sino la rebota, más bien, la emite… más bien, pertenece a una atmósfera lumínica, como neblinosa, un haz blanquecino que vuelve indiscernible el negro del blanco, como un umbral entre la luz y la oscuridad, entre el agua estancada y la nieve. La niebla me ha parecido a veces como un llanto coagulado, un llanto que se parece a un sollozo suave y constante, es como si mezclaras eso con una sangre vieja y llena de yerba seca.

-Pero qué es un color sucio?-

En Paris, dice D. Laporte, se inventó un poco nuestra idea de lo limpio, una idea que hacía más fuerte al estado monárquico y más dependientes a los ciudadanos de una economía que buscaba administrar también la mierda para obtener riqueza de ella, una vez habiéndola despojado, limpiado, de su riqueza al separarla del mundo campesino en que es abono.

Pintura civilizada, pintura limpia.

Tal vez esos colores que llamaron puros, libres de suciedad, son esa luz ingrávida que va de las yerbas al fuego y del fuego a las nubes, sin peso ni raíz. Hay otro orden del color que pesa y habita lo profundo. Pero a veces, cuando lo profundo se desparrama y ocupa el lugar de lo leve y asciende, pasan cosas raras. Cuando eso pasa y pasa que ocurre en el sur, por decir, en un bosque de los altos de Chiapas, o en la sierra de Puebla, parece que todo lo cubre una niebla densa de lodo frio que ilumina y protege a los hombres como en una cueva, y es tan densa que bajo su peso nace un terror que los vuelve bestias y a las bestias hombres y nace también, por amor a esa luz blanquecina, lechosa y pesada del lodo, una ternura primaria por la que los hombres se vuelven niños y juegan, y como que maman el cielo y sus pensamientos se llenan del calor de la infancia y la lujuria.

-Diría entonces, un color sucio… por así decirlo, es un color que es de otro orden del de los colores comunes, es decir, de aquellos que responden al reino de la luz. Por que en ellos no es tan claro si oscurecen o iluminan y es imposible atarlos a cualquiera de los reinos, sean el de la luz o del inframundo… esos colores cumplen ambas funciones al mismo tiempo, oscurecen e iluminan.

Lucía Vidales, 2016.

Invitación gabinete Julian en la caverna

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