La pintura mexicana aparece en 1531 con la Virgen de Guadalupe, se tratará de la pigmentocracia que establecerá los cánones no sólo de la pintura novohispana, sino la sociocultural y, al mismo tiempo, pondrá en tensión la cosmovisión mesoamericana con la mestiza que hasta la fecha nos desquicia. Por una parte, adorada por los blancos criollos y por otro lado, manufacturada por los morenos, porque “sólo los indígenas eran capaces de captar la semejanza de la Virgen mexicana.” [P. Francisco Florencia (Florida Española, 1620-1695, México)].
De tal manera que la tradición de la pintura mexicana se trata de un problema de estratificación socio-racial basada en el color. Es decir, un problema histórico cuyo fantasma mesoamericano deambula desde la “Maravilla americana” [Cabrera, Miguel (1765) Maravilla americana y conjunto de raras maravillas observadas con la direccion de las reglas de el arte de la pintura en la prodigiosa imagen de Nuestra Sra. de Guadalupe de Mexico. México, en la Imprenta Real y más antiguo Colegio de San Ildefonso, 1756] hasta los discursos neo-conceptuales. No es un problema que se restringe al arte, de hecho es el ethos histórico de nuestra nación. El 2 de octubre de 2006 apareció la Tlaltecuhtli, nuestra señora de bajo astral que sobrevivió, de nueva cuenta, y exigió sangre humana. Dos meses después, tomaba ilegítimamente posesión Felipe Calderón como presidente de México, iniciando una guerra que hasta la fecha ha derramado la sangre de más de 250 mil mexicanos.
El desmembramiento, el desollar los rostros, ya no serán exclusivos de los ritos mesoamericanos; se replicarán en el rito sacrificial del narcotráfico. El imaginario de las mitologías necrófilas se volverá la experiencia predominante de los últimos 14 años. El pigmento rojo teotihuacano ya no será de hematita y limonita, sino la sangre pura contenida en bolsas negras de basura, esparcida en los Oxxo, las calles, las carreteras, automóviles y bares. Nos hemos convertido en un territorio sacrificial que sacia a Tlaltecuhtli y Xipe Totec, nuestro señor desollado sin entender a bien qué estamos implorando.
De ahí que los ojos de Julián Madero (Ciudad de México, 1990) encuentren en el problema histórico de la pintura mexicana; la pigmentocracia y la cosmovisión mesoamericana, una tensión creativa que deviene en una propuesta ominosa enmarcada en el ethos histórico de un mestizaje que antes de serlo social en México fue primordialmente visual y simbólico, lo cual nos ha posicionada más como una raza cómica que una cósmica. Entendiendo lo cómico como una farsa cuyo drama está engendrado en el origen mítico de esta nación.
Formalmente, encontramos en esta exposición, cómo el brebaje de Julián Madero de la pintura mexicana configura su propuesta pictórica; reclama para sí la formación de espacios fantásticos de Diego Rivera y Juan O´Gorman, al igual que el horror histórico de José Clemente Orozco desde un pensamiento neobarroco. Más cercano a Miguel Cabrera en términos de pensar la pintura, Madero nos presenta la nueva pintura mexicana que conlleva un posicionamiento crítico ante cuatro siglos de pintura mexicana.
Octavio Avendaño Trujillo – Curador

Tesoro nacional, 2020, acrílico sobre tela, 246 x 156 cm.

Presa del Llano, 2019 Óleo sobre lienzo 45 x 55 cm.

Chalino Sánchez, Alma enamorada, 2020 Óleo sobre lienzo Díptico, 60 x 80 cm.

Chalino Sánchez, Alma enamorada, 2020 Óleo sobre lienzo Díptico, 60 x 80 cm.

Capitalismo, 2020 Acrílico sobre tela 240 x 156 cm.

Suplicio, 2020 Acrílico sobre tela 208 x 153 cm.

Sacrificio cenital, 2019 Acrílico sobre tela 140 x 148 cm.

La muerte y xipes, 2019 Acrílico sobre tela 186 x 158 cm.

Parto-aborto, 2020 Acrílico sobre tela 294 x 156 cm.

Un soldado…, 2020 Acrílico sobre tela 294 x 156 cm.

Signos en rotación, 2019 Acrílico sobre lienzo 80 x 100 cm.

El signo, 2019 Acrílico sobre cartón 95 x 130 cm.

Migas, 2019 Acrílico sobre cartón 130 x 95 cm.

Muerte come muerte, 2019 Acrílico sobre cartón 130 x 95 cm.

Moiras, 2019 Acrílico sobre cartón 130 x 95 cm.

Culpa, 2019 Óleo sobre lienzo 30 x 25 cm.

Día del Juicio, 2019 Acrílico sobre lienzo 151 x 144 cm.

Casa de los dioses, 2019 Acrílico sobre lienzo 80 x 100 cm.

Quetzalcóatl limpiando a Tezcatlipoca, 2019 Óleo sobre lienzo 120 x 150 cm.

Ofrenda, 2018 Monotipo 44×59 cm.

Tezcatlipoca negro llevando flores II, 2018 Monotipo 44×59 cm.

Tezcatlipoca negro II, 2018 Monotipo 44×59 cm.

Enmascaramiento, 2018, Monotipo 44×59 cm.

Orígenes, 2018 Óleo sobre lienzo 30 x 40 cm.

Bataille azteca, 2019 Óleo sobre lienzo 140 x 120 cm.

Desmembrado, 2019 Acrilico sobre papel Políptico, 300 x 200 cm.

Xipe Tótec, 2019 Óleo sobre lienzo 70 x 60 cm.
