Para mí el arte es una estrategia para acercarme a la realidad, en la que la visión subjetiva y la socialización de la misma establecen tensiones poéticas que posibilitan modos de comunión distintos a la comunicación convencional.
Concibo la práctica pictórica como el desarrollo de una idea a lo largo de la vida. Cada pintura es una reanudación, un ordenamiento del caos. Pinto como digo: corro. No voy hacia un punto fijo, transito, exploro las posibilidades del balbuceo de la materia en la tela y en la retina. La pintura se comporta como imagen, entra en su campo, pero es un acto de libertad, su dominio es el Color y el Tiempo. Dialoga con las imágenes, pero debe rozar el filo de la apariencia y regresar triunfal a su inconcreción. La pintura es un ser vivo. Pinto por la necesidad y el gusto de hacerlo. La pintura también es una escritura, en sí misma un grito sordo, pero en su trayectoria se hace presente el sentido.