- Ahorcado, 2014.
- Soñar despierto, 2014.
- Limpiando en el rio, 2014.
- Zapote negro, 2014.
- Sentada en el rio o muerte de un ángel, 2014.
- Voyeur, 2014.
- Fantasmas, 2014.
- Niños jugando, 2014.
- Agua entre manos
- Reflejo en la laguna, 2014.
- Puerta a la cuarta dimensión, 2014.
- Paisaje sanguíneo, 2013.
- María de la Luz
- Pasos en la azotea, 2014.
- José Ramírez
- Borrego come corona de hiedra
- Desdoblamiento, 2014.
- Regando flores o predicando a los pajarillos, 2014.
- Retazos, 2014,
- Retrato floripondio, 2013.
- Retrato psicotrópico, 2013.
ESTADOS PRIMARIOS
“Soy un fantasma que desea lo que todos los fantasmas -un cuerpo-
después del largo tiempo que estuve cruzando avenidas inodoras
del espacio sin vida al no olor incoloro de la muerte”
William Burroughs
Las imágenes de Julián Madero son ecos de la “Fantología” de Derrida, aproximaciones y lejanías –apariciones– de fantasmas. Tanto lo figurativo como la abstracción son empleadas en una búsqueda de esa relación primaria entre los elementos que componen la imagen. Como “fantasmas” que aparecen de modos inesperados de pronto los colores revelan en los lienzos formas que pueden perdurar o que al ser descubiertas luego desaparecen. Destellos de la vida cotidiana vistos desde una “mirada que desconfía de la mirada”.
No son sólo los fantasmas del pasado. La obra obliga a interactuar con ella en la creación, busca esa materialización corpórea y es un momento en el presente como afirmación del porvenir. Las imágenes establecen una relación desde lo imperceptible, sus micro elementos desencadenan consecuencias que dan sentido a cada una de las piezas. El trazo no siempre está calculado, se libera de la intencionalidad y es a veces un franco retroceso: una marcha atrás en busca de automatismos, estados oníricos o a la reminiscencia infantil. Julián Madero exorciza pinturas icónicas y combina simultáneamente retratos con paisajes. Avanza y luego cambia de dirección como en persecución de la fugacidad. La sala se llena de fantasmas del futuro, de los anhelos de una plástica en desarrollo. Los trazos dan evidencia de velocidad. El interés pictórico en el caos de lo primario.
Hay huellas de los senderos recorridos. Hay figuras evidentes y legibles en su trazo, hay iconografías y composición. Las escenas cotidianas son interpretadas desde diversos niveles de distancia; diferentes puntos de observación de los hechos que se van sobreponiendo. La “mirada desconfía de la mirada”, por que mirar sólo con unos ojos no es suficiente.
Esta fantología pictórica busca atraer otras miradas que confirmen las apariciones. El cuerpo se enfrenta a las telas que dialogan desde distancias inconexas, dimensiones insondables. El cuerpo y la materia adquieren más realidad a partir de esa distancia con lo invisible. Se afinan los sentidos y los ojos observan con inspirado escepticismo la danza de espejismos.
Ernesto Zavala
Julio 2014









































